martes, 15 de febrero de 2011

LOS MÁRTIRES HOSPITALARIOS DEL SANATORIO MARÍTIMO DE SAN JUAN DE DIOS, DE CALAFELL (TARRAGONA). 30 DE JULIO DE 1936

Martirio de los Hermanos de San Juan de Dios, de Calafell (Tarragona)
el 30 de junio de 1936.
Obra de J.L. Fuentetaja.
La persecución religiosa desatada en España en el transcurso de la Guerra Civil (1936 - 1939) afectó, con toda su virulenta crudeza, a los establecimientos benéfico - hospitalarios de la Orden de San Juan de Dios, cobrándose un importante número de víctimas, entre los religiosos y confesos, así como también un notable número de enfermos.
El Sanatorio Marítimo de San Juan de Dios, de Calafell (Tarragona) fue uno de ellos. Alrededor de las 14:30 horas del día 24 de julio de 1936, la Casa fue invadida por un grupo de milicianos armados, que se apresuraron, unos a detener a los Hermanos, y otros a registrar el establecimiento en busca de armas, que no encontraron porque no las había. Posteriormente el Superior les sirvió una merienda y al atardecer se despidieron prometiendo volver al día siguiente con personal, para hacerse cargo del hospital, no sin antes espetarles "¡Quítense los hábitos; ya nadie viste hábitos; todos somos iguales!".
Se durmió poco aquella noche. Los profesos hicieron las guardias. A las 04:00 horas de la mañana se celebraron las misas.
Alrededor de las 18:00 horas se presentaron de nuevo los milicianos, exigiendo las llaves al Superior para hacerse cargo de todo. Se permitió a los Hermanos seguir con sus trabajos, en espera de que llegasen las suplencias. A partir de aquel momento ya todo fue intranquilidad, temores, sobresaltos y desconfianza.
Al día siguiente, domingo 26 de julio, al levantar a los niños de sus camas y rezar, se les prohibió hacerlo, burlándose y mofándose de la religión, y a cambio de rezos les prometieron un camión repleto de juguetes, les aseguraron que proyectarían cine en la capilla y que serían despertados con el grito de "¡No hay Dios!", y ellos contestarían "¡Viva el comunismo!".
A media mañana del día siguiente llegaron algunas mujeres, que se dedicaron a comer y a beber hasta quedar algunas de ellas ebrias, mientras gritaban desenfrenadamente "¡Estos frailes son nuestros criados; ya era hora que esto cambiara!"
El martes, día 28 los milicianos eliminaron todo vestigio y señal religiosa del sanatorio. Los Hermanos prepararon sus efectos personales y algunos libros. Se les proporcionó documentación para trasladarse a Francia. Tenían la creencia de que aquel día abandonarían libres el establecimiento. El miércoles, día 29 les prometieron que al día siguiente saldrían todos juntos dirección a Barcelona. Y a las 09:00 horas de la mañana del día 30 el jefe de los milicianos los reunió para decirles: " Los que quieran marcharse, pueden hacerlo, pero no podemos darles salvoconducto ni documentación alguna ni respondemos de sus vidas una vez salgan de la Casa. Los que quieran pueden quedarse con nosotros". La mayoría optó por salir, por entender que si se quedaban corrían el peligro de perder sus almas. Los jefes de los milicianos decidieron dejar ocho Hermanos para el servicio del sanatorio. Los restantes, salieron en dos grupos, uno hacia la estación de San Vicente, y el otro, hacia la de Calafell.
Poco después los milicianos entresacaron al Hermano Constantino Roca y junto a la vía férrea, lo ametrallaron. Más tarde, recogieron a los otros en una misma camioneta y siguieron juntos la etapa final. Primero fueron llevados a la Plaza de El Vendrell, donde se había congregado un enorme gentío enfurecido profanando la iglesia del municipio. Al ver a los religiosos, quisieron apoderarse de ellos, pero se los llevaron con la camioneta tomando la carretera con dirección a Barcelona.
A la salida del término de Calafell fueron interceptados por otro grupo de milicianos, que les obligaron a bajar poniéndose en fila. Cuatro de ellos fueron separados del grupo por ser muy jóvenes (eran profesos), y los quince restantes fueron acribillados a balazos de fusil.
En el asesinato participaron unos 19 milicianos, mientras los religiosos caían inertes al suelo al grito de "¡Viva Cristo Rey!". Eran alrededor de las 17:00 horas de aquel funesto 30 de julio de 1936.
FUENTE DE CONSULTA:
Lizaso Berruete, Félix, O.H. " Beatos Braulio María Corres, Federico Rubio y compañeros mártires. 71 Hermanos de San Juan de Dios testigos de la Misericordia hasta el martirio." Secretariado Permanente Interprovincial. Madrid, 1992.

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